Mendive. Revista de Educación, julio-septiembre 2025; 23(3), e3899

 

Artículo original

La escuela primaria ante la prevención de la violencia en adolescentes y jóvenes masculinos

 

Primary school and the prevention of violence in adolescent and young males

 

Escola primária e prevenção da violência em adolescentes e jovens do sexo masculino

 

Juan Alberto Blanco Rivera1 0000-0002-8451-3617 brajuan@upr.edu.cu
Mayra García Quintana1 0000-0001-7857-4360 mayragq@upr.edu.cu
Luis Enrique Martínez Hondares1 0000-0003-4303-1571 luis.hondares@upr.edu.cu
Yahima Gómez Pozo1 0000-0002-6145-0422 yahimag@upr.edu.cu

1 Universidad de Pinar de Río "Hermanos Saíz Montes de Oca". Pinar del Río, Cuba.

 

Recibido: 12/06/2024
Aceptado: 28/08/2025


RESUMEN

Una educación primaria con perspectiva de género contribuye a reducir la normalización de la violencia, empodera a niñas y niños para reconocer sus derechos y forma futuras generaciones más conscientes y equitativas. La escuela, como agente socializador, no solo transmite conocimientos académicos, sino que también tiene la responsabilidad de prevenir la violencia de género desde sus raíces, construyendo una cultura de paz e inclusión. El presente artículo tiene como objetivo profundizar en la necesidad de mejorar la labor educativa, desde la escuela primaria, para la prevención de violencia en adolescentes y jóvenes masculinos. Se presentan los resultados del estudio de las manifestaciones de este tipo de violencia como elementos básicos para la intervención anticipada de la escuela, de conjunto con otras agencias educativas de la comunidad. Los sujetos de la muestra, pertenecientes a dos comunidades: una urbana y otra rural, se vinculan al proceso investigativo tanto en calidad de observadores como actores de las acciones preventivas y de violencia, de manera directa o indirecta. En la obtención de la información sobre el objeto de investigación se utilizaron métodos del nivel teórico: histórico-lógico, análisis-síntesis e inducción-deducción. Además, como parte de los métodos empírico se utilizó la entrevista no estructurada, la encuesta, la observación directa y la triangulación metodológica.

Palabras clave: labor educativa; escuela primaria; violencia; adolescentes y jóvenes masculinos; prevención.


ABSTRACT

A gender-sensitive primary education system contributes to reducing the normalization of violence, empowers girls and boys to recognize their rights, and fosters more aware and equitable future generations. Schools, as social agents, not only transmit academic knowledge but also have the responsibility to prevent gender-based violence at its roots, building a culture of peace and inclusion. This article aims to delve into the need to improve educational work, beginning in primary school, to prevent violence in adolescent and young males. The results of a study of the manifestations of this type of violence are presented as basic elements for early intervention by schools, in conjunction with other community educational agencies. The sample subjects, belonging to two communities: one urban and one rural, are involved in the research process both as observers and as actors in preventive actions and violence, directly or indirectly. Theoretical methods were used to obtain information on the research object: historical-logical, analysis-synthesis, and induction-deduction. In addition, unstructured interviews, surveys, direct observation, and methodological triangulation were used as part of the empirical methods.

Keywords: educational work; primary school; violence; adolescent and young males; prevention.


RESUMO

A educação primária com perspectiva de gênero contribui para a redução da normalização da violência, empodera meninas e meninos para o reconhecimento de seus direitos e forma gerações futuras mais conscientes e equitativas. A escola, como agente socializador, não apenas transmite conhecimento acadêmico, mas também tem a responsabilidade de prevenir a violência de gênero em suas raízes, construindo uma cultura de paz e inclusão. Este artigo tem como objetivo aprofundar a necessidade de aprimorar o trabalho educativo, desde a escola primária, para a prevenção da violência em adolescentes e jovens do sexo masculino. Os resultados de um estudo sobre as manifestações desse tipo de violência são apresentados como elementos básicos para a intervenção precoce da escola, em articulação com outros órgãos educacionais da comunidade. Os sujeitos da amostra, pertencentes a duas comunidades: uma urbana e outra rural, estão envolvidos no processo de pesquisa tanto como observadores quanto como atores em ações preventivas e de prevenção da violência, direta ou indiretamente. Foram utilizados métodos teóricos para a obtenção de informações sobre o objeto de pesquisa: histórico-lógico, análise-síntese e indução-dedução. Além disso, os métodos empíricos utilizados incluíram entrevistas não estruturadas, questionários, observação direta e triangulação metodológica.

Palavras-chave: trabalho educativo; ensino fundamental; violência; adolescentes e jovens do sexo masculino; prevenção.


 

INTRODUCCIÓN

La superación de la violencia constituye uno de los retos más exigentes para el desarrollo de la sociedad humana. El desatacado líder sudafricano Nelson Mandela, en la introducción del informe mundial "Violencia y Salud", señalaba: "A nuestros hijos, los ciudadanos más vulnerables de cualquier sociedad, les debemos una vida sin violencia ni temor. Para garantizarla hemos de ser incansables en nuestros esfuerzos por lograr la paz, la justicia y la prosperidad" (Mandela, 2002, p. 7).

En los últimos años en Cuba se han desarrollado numerosas investigaciones relacionadas con la violencia creciente en adolescentes y jóvenes en los más diversos escenarios. La investigación se particulariza por tener como objeto el sector masculino de esta etapa de la vida y pretende, con sus resultados, contribuir a la labor educativa anticipada de la escuela primaria, junto a otros actores comunitarios que pueden repercutir significativamente en la prevención.

Las circunstancias de la COVID-19, condicionaron la recurrencia a una metodología cualitativa orientada al estudio de las ideas de informantes claves de la comunidad: representantes del estado en la comunidad, organizaciones no gubernamentales, así como adolescentes y jóvenes en calidad de observadores de actos violentos públicos.

Sobre la violencia en general, es común en nuestro medio el reconocimiento de la violencia física y psicológica como las dos formas más generales; sin embargo, en la literatura se determinan también tres tipos de violencia: directa, estructural y simbólica. Finalmente, se define un tipo de violencia asociada a los imaginarios, creencias, valores, matrices valorativas y mentalidades que el noruego Galtung denomina violencia simbólica o cultural (Calderón Concha, 2009).

En los últimos años; no obstante, ha llamado la atención la violencia en la que los hombres resultan las víctimas. Un estudio publicado en México señala que "en el mundo cada día mueren aproximadamente 565 jóvenes de 10 a 29 años de edad a causa de la violencia interpersonal" (Valdez Santiago et al., 2013).

Se reconoce la idea de "las masculinidades como procesos históricos que se producen y reproducen a través de instituciones muy fuertes como la iglesia, la familia y la escuela y valora su papel socializador en la trasmisión de ideologías, mitos y tabúes" (Rivero Pino & Hernández de Armas, 2019, p. 5).

Algunos de los estudios realizados destacan determinados rasgos de la llamada masculinidad hegemónica, que son elementos a considerar en el desarrollo de nuestra investigación, tales como: apego al poder, autoexigencia de liderazgo, ejercer violencia, sobrevaloración de la identidad masculina (misoginia), inconsciencia de la necesidad de cambios de sus estilos de vida (Rivero Pino & Hernández de Armas, 2019, p. 6).

En este análisis resulta necesario destacar la importancia del mundo simbólico, donde entran en juego las capacidades físicas del sujeto, y su representación sobre la posibilidad de perder la vida como capacidad simbólica, que se manifiesta en la aceptación del reto de una agresión física o de otro tipo, vinculada a una interpretación personal, con la autoestima, la masculinidad y la identidad del individuo, a su reputación y pone en juego la validación y afirmación, o no, de su virilidad, autoestima e identidad. "Tales conductas, constituyen formas estereotipadas de demostraciones sublimadas de virilidad" (Mendoza González et al., 2016).

Varios autores cubanos como Castro (2009) y Ramírez y Turro (2015) han abordado el tema de la violencia donde los hombres son objeto de las agresiones de otros hombres o de miembros de su familia. Se reconoce el efecto pernicioso sobre el propio victimario de estas acciones que lo desestabiliza psíquica y emocionalmente.

Investigaciones realizadas aportan datos significativos sobre la caracterización de la violencia en adolescentes. Es demostrativo que el 35, 7 % de los estudiantes encuestados reconoce haber recibido algún tipo de maltrato. "En lo que se refiere al lugar, la escuela se señala como espacio donde se recibe más maltrato, aunque existen adolescentes que son maltratados en más de un lugar, otros que no quisieron responder" (Alpízar Caballero y Pino González, 2018, p. 415).

Se señalan como factores desencadenantes de la violencia interpersonal: el entorno social y familiar; vincularse con amigos con antecedentes delictivos; tener escasa supervisión parental; recibir una disciplina errática, irritable o explosiva por parte de los padres; recibir castigos corporales y presenciar durante la niñez actos violentos en el hogar (Valdez Santiago et al., 2013). También se destaca como la violencia simbólica "derivada de la discriminación, tanto de personas que no cumplen con los estándares o cánones de belleza impuestos por la sociedad, como por la exclusión de importantes segmentos socio-económicos" (Berardi, 2013).

Otros autores señalan que las mujeres víctimas de violencia implementan pautas de crianza que vinculan el maltrato al considerarlo una forma viable de interacción en el hogar, lo que explica su naturalización en las relaciones familiares cotidianas" (Docal Millán et al., 2022, p. 78).

El problema de la violencia también es abordado desde la perspectiva macrosocial, insistiendo en las condiciones necesarias para lograr una prevención de la violencia práctica. Por ejemplo, Díaz Aguado (2006) señala "La crítica de la violencia en todas sus manifestaciones, la comprensión del proceso por el cual la violencia genera más violencia, el desarrollo de la tolerancia como un requisito imprescindible y la asociación de la violencia con valores masculinos" (p. 89).

La labor educativa de la escuela primaria para la prevención de la violencia

La escuela primaria en Cuba ha experimentado diversas transformaciones con el propósito de desarrollar un proceso de enseñanza-aprendizaje cuyo fin sea la formación integral de las generaciones más jóvenes. En dicha concepción, se concreta la aspiración de formar el hombre nuevo que necesita la sociedad.

Por lo que el modelo cubano de escuela primaria va más allá de que los educandos dispongan de conocimientos, hábitos, habilidades y capacidades; su esencia radica en formar a los niñas, niños y adolescentes, de manera que sepan interpretar y apreciar los avances de la ciencia, que sepan operar con ellos y aplicarlos de manera creadora en la solución de diferentes problemas.

Lograr este fin, según Díaz et al. (2021), solo sería posible si esas transformaciones se dirigen a lograr la formación de un hombre reflexivo, crítico, independiente, que asuma una actitud protagónica, posea y manifieste sentimientos de amor y respeto hacia la familia, la escuela, sus compañeros, la comunidad, la naturaleza; que sea portador de cualidades esenciales como la responsabilidad, la honradez, la laboriosidad y la solidaridad, entre otras.

Tal aspiración, conjuntamente a las diferentes problemáticas que enfrenta la sociedad, entre los que se encuentra la prevención de la violencia, presuponen a la escuela primaria desafíos complejos y multidimensionales, jugando un importante papel la labor educativa que desde la escuela se debe desarrollar en la formación de los niñas, niños y adolescentes.

Para definir la labor educativa desde la escuela, el estudio de la tipología del agresor resulta importante. Se definen cuatro tipos fundamentales: "el secuaz, el seguidor pasivo, el posible defensor, y recientemente se describe al alumnado con doble rol de víctima/acosador" (Mendoza González et al., 2016). Este elemento resulta de gran importancia para la realización de las acciones educativas oportunas y preventivas.

Existen diferentes enfoques sobre la prevención, representados en tres niveles que en su interacción la hacen efectiva y sostenible. Según Concha Eastman (2000), estos niveles se estructuran por su complejidad y efecto trasformador en: nivel de represión y control donde predomina la acción policial y judicial; nivel de prevención en el que los diferentes factores actúan sobre la multitud de causas de la violencia; y nivel de promoción del desarrollo humano y recuperación del capital social, donde no solo se previene el daño sino se procura el mejoramiento humano.

Los aspectos económicos y sociodemográficos de las comunidades, constitutivos del contexto macrosocial de la violencia, se relacionan con los niveles de la prevención y la promoción de desarrollo humano definidos anteriormente, y su determinación aporta a la elaboración de la labor educativa con un enfoque multicausal y por tanto multifuncional.

La prevención de la violencia se reconoce desde tres dimensiones: primaria, secundaria y terciaria. A través de la prevención primaria se busca fomentar un ambiente social e individual de respeto y tolerancia; la prevención secundaria busca detener precozmente o retardar el progreso de la violencia -o de sus secuelas- en cualquier punto de su aparición y la prevención terciaria se orienta a reducir las complicaciones y consecuencias de los daños de la violencia, adquiriendo importancia la rehabilitación para mejorar la calidad de vida (Cedeño Sandoya, 2020).

Los referentes expuestos permiten definir los elementos esenciales a considerar desde la labor educativa de la escuela primaria, para contribuir a la prevención de la violencia en adolescentes y jóvenes masculinos, tales como:

 

MATERIALES Y MÉTODOS

La investigación aplicó métodos teóricos en la búsqueda de referentes sobre la violencia en adolescentes y jóvenes masculinos, y la labor educativa para prevenirla. Entre ellos resultaron esenciales: el histórico-lógico, el análisis-síntesis y el bibliográfico. Además, como parte de los métodos empíricos se utilizó la entrevista no estructurada a adolescentes y representantes de organizaciones estatales y no gubernamentales de las dos comunidades incluidas en la categoría de observadores de actos violentos, para un acercamiento a las ideas de los mismos sobre las causas y características de dichos actos.

Los investigadores se apoyaron, para la construcción de los instrumentos, en la bibliografía y la observación realizada en los escenarios que se describen como ambientes donde ocurren estos actos como: plazas, centros nocturnos, lidias de gallo, carreras de caballo, y competencia de palomas.

 

RESULTADOS

El empleo de los métodos del nivel teórico permitió la obtención de referentes esenciales sobre la violencia en adolescentes y jóvenes masculinos y la complejidad de la labor educativa desde la escuela, para su prevención. Los principales resultados del estudio se expresan a continuación.

Comentario sobre los resultados de la aplicación de instrumentos

La comunidad rural donde se realiza el estudio tiene como actividad económica fundamental el cultivo y beneficio del tabaco. Cuenta con una población de 300 habitantes. Está integrada por una circunscripción, con la presencia de las organizaciones sociales y políticas. En el aspecto demográfico resulta significativa la existencia de jóvenes de entre 16 a 29 años (23), sancionados (2), alcohólicos (7), discapacitados (2), niños que incumplen los deberes escolares (4) y niños atendidos por la tarea victoria (5).

Sobre la violencia, las estadísticas no son significativas, no existen fallecidos, el número de lesionados graves y leves es bajo; sin embargo, concurren otras manifestaciones de las cuales no existe el registro, pero son muy frecuentes e involucran a gran parte de la población adolescente y joven masculina de la comunidad: riñas en las discotecas los fines de semana en las noches; juegos ilícitos (lía de gallos, carreras de caballo-regateo), hurto de palomas.

La comunidad urbana seleccionada se integra por 252 miembros de 76 familias, que viven en ocho edificios, de diferente procedencia social. De toda la población, existen 38 adolescentes y jóvenes, de ellos 22 son masculinos, lo que representa el 57,9 %. El ambiente social es normal, solo alterado por algunas actividades ilegales como la pesca, coleros, esporádicos escándalos públicos en algunas familias. No existen casos de alcohólicos identificados, pero sí un elevado consumo, principalmente los fines de semana.

Para el análisis de la conducta de los adolescentes jóvenes y sus posibles implicaciones en hechos de violencia es importante considerar la cercanía a la comunidad de cinco centros recreativos nocturnos con gran afluencia de personas, donde se producen manifestaciones violentas con las más diversas connotaciones.

Como resultado de la aplicación de instrumentos en la comunidad rural, se realizaron entrevistas a ocho jóvenes, testigos de hechos violentos entre hombres, que constituyen un grupo informal por sus estrechas relaciones íntimas, en actividades productivas de tipo familiar como cultivo de arroz y varios; en espacios recreativos como juegos deportivos, futbol, béisbol, y voleibol; y afinidades comunes como cría de caballos, gallos de lidia y palomas. De ellos, cuatro comprendidos en las edades de 16 y 17 años y cuatro entre 20 y 22.

Los adolescentes entrevistados, que representan el 50 % de la muestra, entienden la violencia fundamentalmente como acciones que provocan daños físicos por: piñazos, pedradas, cuchilladas y las ofensas son entendidas no como violencia psicológica en sí, sino como causas de las primeras, a las que se agregan falta de respeto con sus acompañantes femeninas en las fiestas, discusiones en las carreras de caballos y peleas clandestinas de gallos, o simplemente en los topes previos y el consumo generalizado de alcohol en esos lugares.

Resulta significativo su apreciación respecto a la reacción de aquellos que no intervienen en los actos violentos que se manifiesta en dos rangos: el 68 % apoyan a los que creen que tiene la verdad; mientras, por otro lado, el 32 % se retira a su casa para evitar involucrarse directamente. De manera general, los jóvenes tienen la percepción de que el que interviene para impedir o separar una riña suele llevar la peor parte. Algún hecho trágico de tal naturaleza ocurrido en el pasado origina esta idea.

Existe comprensión sobre las consecuencias negativas, tanto en daños físicos: heridas graves y leves, hospitalizaciones; como en la ruptura de amistades, además que se daña la comunicación entre vecinos por el distanciamiento entre las familias involucradas.

El accionar de las autoridades ante estas formas de violencia no son reconocidas por seis de los entrevistados, los que representan el 75 % del total. Solo señalan que la policía detiene a los implicados en riñas en la discoteca, pero lo que hace después lo desconocen. Ninguno de los entrevistados es capaz de precisar acciones de prevención que se realizan en la comunidad por los diferentes factores, aunque consideran que los profesores y padres deben jugar un papel fundamental. En lo que respecta a la actitud personal, consideran que lo mejor es no juntarse con los que van a las fiestas u otros lugares a buscar complicaciones.

Por otra parte, el 100 % de los jóvenes entrevistados señalan una o más manifestaciones de la violencia física y psicológica representada en cualquier tipo de agresión verbal o falta de respeto, a la que por lo general sucede la agresión física, en la que se saca un machete o cualquier arma blanca, se rompe una botella para herir, o se toman y lanzan piedras para causar daños. Advierten que predomina la tendencia a usar objetos para agredir y no los puños como era antes.

El 87,5 % (7) de estos jóvenes advierten como causas más importantes de la violencia el consumo de alcohol y el involucramiento en juegos ilícitos donde las cantidades de dinero que se apuesta en muchas ocasiones son significativas, de cientos o miles de pesos. En estos juegos se arriesga no solo cuantía monetaria sino el valor, el prestigio como cuidador del animal en el caso de caballos, gallos y palomas.

Como algo preocupante, existe el criterio entre estos adolescentes y jóvenes que, cuando se sacan armas blancas en las riñas, además de la mayoría que no intervienen para separar a los involucrados, de los que abandonan el lugar para no ser víctimas de las acciones, existe un grupo que se dedica a azuzar a los contendientes en algunos casos por sus relaciones de amistas con uno de ellos y en otros solo por disfrutar la pelea.

Se considera cierto accionar de las autoridades en contra de la violencia física, que se expresa en la existencia de medidas de prohibición en las discotecas como: impedir la entrada de menores de 18 años, portar envases de cristal, la suspensión de música en la discoteca los fines de semana luego de un hecho violento hasta que la cosa se calme y una mayor presencia de la policía en los últimos tiempos.

Es reconocida, de manera generalizada en estos espacios donde ocurren las manifestaciones de violencia, la presencia de niños y niñas que asisten a las escuelas primarias de la localidad, en calidad de observadores, la mayoría de las veces pasivos y en la minoría de azuzadores, lo que contribuye al incremento de la espiral de violencia.

Para que estos hechos violentos disminuyan es reconocida la necesidad de tomar medidas represivas más severas con los que regularmente resultan sus promotores (los tomadores, los que se creen guapos) y regular la ingestión de bebidas alcohólicas en estos lugares. Por otra parte, se muestran de acuerdo con que en las escuelas se dedique cierto tiempo para hablar del tema de la violencia, de sus causas y consecuencias, en charlas educativas; pero en las mismas debe tener una mayor participación el delegado, el jefe de sector y otras autoridades.

Los factores de la comunidad asumen que la violencia se ha convertido en algo cotidiano en diferentes espacios, y se desarrolla en dependencia del nivel de las personas, que no comprenden ni entienden sus consecuencias y llegan a creerse superiores en hombría. Existen manifestaciones domésticas, el bullying en las escuelas y en la calle de diferentes formas: de palabra y de hechos, ofensas, hablar gritando, golpes.

Los entrevistados opinan que la violencia entre adolescentes se incrementa por el mal hábito de ingerir bebidas alcohólicas y el irrespeto que en ocasiones se produce bajo sus efectos. Además, aseguran que hay quien recurre en la ingestión de alcohol como refugio por sus necesidades económicas. Es significativo el arraigo del machismo entre los encuestados, entre los que existe consenso de que si se es víctima del maltrato hay que responder con violencia para evitar acciones futuras. Esto demanda un enfoque en la escuela primaria de un trabajo educativo sustentado en la estrategia psicológica para prevenir la violencia.

En lo que respecta a la prevención, se pudo comprobar que las organizaciones no realizan acciones específicas en función de evitar la violencia. Las acciones educativas desde las escuelas son aisladas y se reducen a charlas con los adolescentes y jóvenes envueltos en acciones violentas, que en ocasiones han producido lesiones en los implicados, sin una participación activa del auditorio.

La participación de los niños y adolescentes es una dimensión preocupante en la violencia masculina porque es el reflejo de disfunciones sociales arraigadas en la comunidad y con las que las escuelas primarias, principalmente, les es extremadamente difícil lidiar, desde una estrategia educativa sin el apoyo comunitario. Se manifiestan en las fiestas los fines de semana y en las tardes al salir de las escuelas, donde las apuestas a carreras de caballo, peleas de gallos, la captura de palomas ajenas, los juegos ilícitos que son de conocimiento público y notorio con una prácticamente represión policial, se conforman en un ambiente educativo deformador que tiende a arraigarse y generalizarse, donde la sana tradición y costumbre del campesino se desfigura por el afán del dinero.

Se considera que un aspecto importante en el estudio de la violencia masculina son las familias disfuncionales con casos de alcoholismo, en las que se manifiesta con regularidad la violencia psicológica, aunque existe en la mayoría de las familias. Los padres no se comportan bien ante los hijos, son agresivos a la hora de exigirles determinados comportamientos, no lo hacen de forma educativa.

En la comunidad se aprecia que la violencia psicológica es bastante frecuente debido al incumplimiento de las normas de convivencia entre vecinos, por los desórdenes en las colas en establecimientos públicos, uso de expresiones verbales inapropiadas. Al mismo tiempo, existen indisciplinas sociales en los caminos, bodega y otros espacios públicos, donde los niños y adolescente participan desde la premisa de ayudar a la familia, pero son víctimas de los efectos deformadores.

La investigación arrojó que los adolescentes y jóvenes envueltos en hechos violentos, por lo general presentan antecedentes familiares negativos, falta de orientación educativa, alcoholismo, inestabilidad en el trabajo por las características estacionarias del cultivo del tabaco, se contratan para realizar determinadas tareas y abandonan la escuela para ganar dinero fácil.

En la comunidad urbana se entrevistaron 12 jóvenes testigos de hechos violentos entre hombres, que constituyen un grupo informal que se integra fundamentalmente por su afición por el fútbol, cuya práctica se ejecuta en un terreno aledaño a la comunidad o en las mismas calles. De ellos, cinco comprendidos en las edades de 16 y 17 años y siete entre 20 y 22. De estos adolescentes y jóvenes no todos cursaron la misma escuela primaria y secundaria debido a que la comunidad en parte se integra por familias proveniente de otras localidades. Esta particularidad condiciona las relaciones de vecindad. Sus familias poseen relaciones de vecindad de poca data y cierta fragilidad.

Tanto los adolescentes como jóvenes entienden como violencia las agresiones hacia otras personas, tanto físicas como psicológicas y los maltratos, aunque lo que con mayor intensidad se manifiesta y comporta un riesgo mayor son los daños físicos. Se asocia por los jóvenes al consumo de alcohol, que hace que algunos se sientan valientes. Señalan que en la escuela se nota más la violencia psicológica, mientras que en los centros nocturnos la física.

Otras causas que se asocian son: la música que incita a la violencia, discrepancias de todo tipo que se resuelven bajo la influencia del alcohol, chantajes económicos, deudas, ajustes de cuentas personales resultado de juegos ilícitos.

Los entrevistados en las dos categorías de edades estudiadas reconocen que cuando se dan los hechos violentos en lugares públicos se manifiestan tres tipos de actitudes: unos se quedan mirando o graban; otros se apartan para no inmiscuirse, pero permanecen en el lugar; otros, al menor síntoma de cualquier bronca, dígase griterías ofensas, amenazas abandonan el lugar. Se considera que la actitud de observadores resulta la predominante.

Tanto adolescentes como jóvenes reconocen como consecuencias negativas: traumas psicológicos, lesiones físicas, algunas graves que han producido muertes en algunos de los centros recreativos más frecuentados. Se define también el cierre temporal de los locales como algo negativo resultado de la ocurrencia de actos violentos. Las multas y la privación de libertad son reconocidas como consecuencias legales para los implicados.

Los adolescentes y jóvenes encuestados reconocen los centros recreativos de mayor ocurrencia de hechos violentos, principalmente los días festivos y de carnavales; no obstante, continúan asistiendo a estos lugares y así lo afirman. También es criterio de los jóvenes, que a pesar de lo costoso que resulta visitar estos lugares, existe presencia de clientes desvinculados laboralmente y de baja reputación en su comportamiento social. Es apreciado por ellos también la existencia de manifestaciones especulativas en cuanto al uso de vestuarios, consumo de bebidas alcohólicas, lo que provoca a veces incomprensiones entre algunos de los asistentes.

En la entrevista realizada, la representante gubernamental de la localidad identifica las manifestaciones de violencia presentes en la comunidad, entre ellas la agresión física y psicológica asociada a gestos y la verbal; sin embargo, no logra definir qué es la violencia ni cómo prevenirla. Existen familias disfuncionales donde se da la violencia, con individuos sin vínculo laboral, adictos al alcohol, donde conviven además varias generaciones entre las que existen problemas de comunicación, debido a que se imponen sus criterios, lo que hace difícil la convivencia.

Según su apreciación, estas manifestaciones de violencia no son muy comunes, aunque se da sobre todo en edificios multifamiliares, personas albergadas, casos sociales, reclusos, exreclusos insertados con no muy buena actitud y alto nivel de agresividad.

Señala que estos actos son censurados por la mayoría de los miembros de la comunidad, pero no se encuentra apoyo por considerar que resulta complejo. También falta integración de los diferentes factores para abordarlos, prevenirlos y evitar se conviertan en modos de comportamiento sistemáticos. El jefe de sector hace advertencias, la trabajadora social incide, se perciben como problemas familiares y la comunidad no se involucra.

Como causas considera las más significativas: la falta de vínculo laboral, el alcoholismo, las familias disfuncionales y los divorcios. El grupo de trabajo de prevención no acciona lo suficiente, es necesario aplicar la ciencia para poder accionar y producir cambios en la actitud de la comunidad, en función de transformar los modos de actuación violentos, lo que sería un logro para la comunidad, ya que se contribuye a la convivencia familiar y social y una mejor calidad de vida.

Las entrevistas realizadas a representantes de organizaciones sociales de la comunidad permitieron determinar que las manifestaciones de violencia en diferentes espacios de la comunidad no son numerosas y se desarrolla en dependencia del consumo de alcohol en determinadas familias disfuncionales, con dificultades económicas y actividades ilícitas. Lo más frecuente son: algarabías, riñas matrimoniales con lesiones físicas, así como altercados entre los consumidores habituales de alcohol. Algunas de las familias implicadas tienen entre sus miembros a personas con discapacidades físicas y mentales.

La violencia entre hombres se origina, además de por el consumo de alcohol, por la presencia de elementos ajenos a la comunidad cercanos al mundo delincuencial. No existen casos de jóvenes que sean controlados por el grupo de atención a menores, ni jóvenes presos o que hayan cumplido sanciones.

Por otra parte, reconocen que las acciones de prevención que se realizan resultan poco sistemáticas en la comunidad y en ellas no participan las familias y las escuelas de un modo integrado. Al mismo tiempo, algunas personas de forma individual son capaces de combatir las manifestaciones violentas en adolescentes y jóvenes y de requerir la intervención de las autoridades.

Como se aprecia, existen aspectos que se reiteran en las entrevistas realizadas:

El predominio del grupo de los observadores y su estratificación no contribuye a frenar el desarrollo de acciones violentas en espacios públicos. Se destaca la implicación de las familias disfuncionales como condicionamiento interno de la manifestación violenta y el desconocimiento de los grupos de adolescentes y jóvenes de las acciones de prevención.

La escasa participación de la escuela y otros factores de la comunidad en acciones específicas integradas dirigidas a la prevención de manifestaciones de conductas violentas conforman el contexto que sirve de fundamento para la elaboración de la labor educativa que se requiere en la comunidad para la prevención de la violencia.

 

DISCUSIÓN

Los resultados confirman que la violencia en adolescentes y jóvenes masculinos constituye un fenómeno complejo, multicausal y con fuertes raíces culturales y familiares. La presencia de riñas en espacios recreativos, el consumo de alcohol y la participación en juegos ilícitos coinciden con lo señalado por Valdez Santiago et al. (2013), quienes identifican en los contextos sociales y familiares factores desencadenantes que incrementan la vulnerabilidad de los jóvenes frente a la violencia interpersonal.

En las comunidades analizadas, tanto rurales como urbanas, los adolescentes entrevistados reconocen principalmente la violencia física y psicológica, lo cual guarda relación con la clasificación de tipos de violencia directa, estructural y simbólica propuesta por Galtung y retomada por Calderón Concha (2009). La naturalización de agresiones verbales y físicas en escenarios cotidianos refleja la persistencia de formas de violencia simbólica, vinculada a creencias y valores sociales que legitiman comportamientos violentos (Berardi, 2013).

Asimismo, la investigación muestra cómo la masculinidad hegemónica continúa siendo un factor que alimenta actitudes de confrontación y de búsqueda de reconocimiento a través de la fuerza, lo que concuerda con los planteamientos de Rivero Pino y Hernández de Armas (2019), quienes destacan la asociación entre masculinidad y prácticas de poder, liderazgo violento y misoginia. En este sentido, las expresiones de virilidad a través de desafíos físicos y el uso de armas blancas refuerzan lo expuesto por Mendoza González et al. (2016), al describir estas conductas como demostraciones estereotipadas de identidad masculina.

Otro hallazgo relevante es la escasa percepción de acciones preventivas desde la comunidad y la limitada integración de las escuelas primarias en este empeño. Esto coincide con lo advertido por Alpízar Caballero y Pino González (2018), al señalar que la escuela es uno de los espacios donde los adolescentes reconocen mayor frecuencia de maltrato. Esta situación demanda que las instituciones educativas asuman un papel más activo en la formación de una cultura de paz; pues, como plantea Díaz et al. (2021), la escuela cubana tiene la misión de educar a ciudadanos reflexivos, críticos y solidarios, capaces de enfrentar los problemas sociales desde una perspectiva transformadora.

En la misma línea, Docal Millán et al. (2022) advierten que la violencia familiar tiende a reproducirse en las pautas de crianza, lo cual explica que los adolescentes internalicen la violencia como una forma aceptable de interacción. Este aspecto resulta particularmente preocupante en las comunidades estudiadas, donde los niños en edad escolar primaria ya se incorporan como observadores pasivos o instigadores de actos violentos, lo que refuerza la necesidad de una intervención temprana.

Desde una perspectiva de prevención, los niveles propuestos por Concha Eastman (2000), represión y control, prevención y promoción del desarrollo humano y las dimensiones señaladas por Cedeño Sandoya (2020), prevención primaria, secundaria y terciaria, resultan pertinentes para articular estrategias educativas en la escuela primaria. No obstante, los resultados evidencian que las acciones actuales se limitan a medidas represivas aisladas, sin que exista un trabajo sistemático que integre a escuela, familia y comunidad.

Finalmente, se reafirma lo planteado por Díaz Aguado (2006), en cuanto a la necesidad de comprender que la violencia genera más violencia si no se interviene de manera efectiva. El carácter cíclico de estas conductas, observado en las comunidades estudiadas, pone en evidencia la urgencia de un enfoque preventivo integral desde la escuela primaria, que promueva valores de tolerancia, respeto y equidad de género como pilares fundamentales de la convivencia social.

El estudio realizado permitió establecer, en el caso de las dos comunidades estudiadas, las manifestaciones de violencia física, como las más reconocidas por adolescentes y jóvenes, así como las agresiones verbales asociadas a estas. Al mismo tiempo, los espacios como discotecas, fiestas, lugares de juegos ilícitos son donde más se revelan; todo asociado al consumo de alcohol, problemas de personalidad, familias disfuncionales.

Se reconoce por los adolescentes y jóvenes entrevistados la tendencia a no inmiscuirse en los actos violentos o azuzar por pura diversión. Por otra parte, confirman la propensión a usar armas blancas u otros objetos, lo que convierte a estos actos en un mayor peligro para la salud de los contendientes u observadores.

En ambas comunidades, los factores entrevistados reconocen como insuficiente la integración, en función de la prevención en general y la específica relacionada con la violencia. Las acciones que se realizan se reducen a charlas asistemáticas, principalmente en las escuelas.

La labor educativa de la escuela primaria resulta primordial en la formación de valoraciones positivas en niños, niñas y adolescentes como recurso fundamental para la prevención de la violencia desde la infancia, que permita superar elementos de la masculinidad hegemónica.

 

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS

Alpízar Caballero, L. B., & Pino González, W. J. (2018). Caracterización de la violencia en adolescentes. Revista Cubana de Medicina Militar, 47(4), 1-14. https://www.medigraphic.com/cgi-bin/new/resumen.cgi?IDARTICULO=85981

Berardi, L. (2013). Violencia simbólica en programas juveniles de televisión abierta en Chile. Discurso & Sociedad, 7(4), 685-698. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=4650204

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Conflicto de intereses

Los autores declaran no tener conflictos de intereses.

 

Contribución de los autores

Los autores participaron en el diseño y redacción del artículo, en la búsqueda y análisis de la información contenida en la bibliografía consultada.

 


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